Diana Sacayán les decía a sus compañeras de lucha: “Cuando yo me vaya, sé que en algunas cuantas conciencias habré dejado la humilde enseñanza de la resistencia trava, sudaca, originaria”.
Diana y Lohana Berkins lideraron las batallas más difíciles, cuando gran parte de la sociedad seguía confundida por los prejuicios de generaciones pasadas. Ellas, junto a sus compañeras y compañeros, fueron el parteaguas entre dos siglos, en los que se refiere a cuestiones de género e identidad. Pusieron sus cuerpos en la calle, se encontraron, marcharon, pintaron sus banderas, se organizaron y mostraron que eran cientos, miles. Sus cantos, llenos de vida, en las marchas del orgullo; sus bailes, con plumas y brillos, nos invitaron a conocerlas/les, escucharles.
Comenzamos a darnos cuenta que la democracia argentina, que tanto luchó por la igualdad, por la libertad, y también gracias a las madres y abuelas; por la identidad; estaba dejando afuera del sistema al colectivo de personas travestis, transexuales y transgénero. En Río Negro, he visto como activistas y militantes, fueron construyendo redes de contención para pares y mecanismos de incidencia política. Les he visto caminar los pasillos, golpear las puertas, y presentar proyectos de ley en los Concejos Deliberantes, Legislaturas, Universidades. San Antonio Oeste, Viedma, Cinco Saltos, Cipolletti, Bariloche, Río Colorado, Luis Beltrán, Allen, la Facultad de Ciencias de la Educación y la Facultad de Ciencias Sociales del Comahue ya cuentan con cupos laborales para personas trans.
Hoy estamos pagando una deuda. Y lo hacemos de la mejor manera en la que los peronistas lo sabemos hacer: dando trabajo, bueno, de calidad, en espacios inclusivos con amoroso cuidado. Se está comenzando a escribir otra historia: colorida, alegre, inclusiva, mucho más humana. Por todas las compañeras y compañeros que perdimos en esta lucha: QUE SEA LEY!.

Fuente: Silvina García Larraburu



